La crisis del consumo, el avance de las plataformas digitales y una estructura de costos que no afloja volvieron a encender las alarmas del comercio tucumano. Desde la Federación Económica de Tucumán (FET) apuntan a un factor que, para muchos emprendedores, termina siendo decisivo: la carga impositiva —sumada a costos laborales, previsionales y financieros— que achica márgenes y complica la supervivencia de los negocios, especialmente los más chicos.
En un escenario donde la gente compra menos y prioriza lo esencial, la competencia ya no es solo el local de la cuadra: es el celular, con precios que llegan desde afuera y resultan imposibles de igualar.
La “mochila” de costos que enfría cualquier proyecto
El diagnóstico de la FET es directo: el comerciante local carga con una estructura que encarece el producto antes de que llegue a la góndola. Héctor Viñuales, presidente de la entidad, lo resumió con una frase que se repite en las mesas empresarias: con la “mochila fiscal” encima, muchos quedan “fuera de la cancha” cuando tienen que competir con mercados donde la presión tributaria es mucho menor.
La queja no se limita a los impuestos. El planteo incluye un combo que, para quien quiere emprender, es determinante desde el día uno: cargas patronales, costos laborales, financiación cara y un esquema impositivo que, según el sector, no acompaña la realidad del comercio de cercanía ni del interior.
Competencia global: precios bajos, reglas distintas
La transformación del consumo aceleró un cambio que ya venía en marcha. La FET advierte que el auge de grandes tiendas virtuales —con fuerte presencia de operadores asiáticos— reconfiguró el mercado: ofrecen precios bajos y un atractivo inmediato para el comprador, pero bajo condiciones impositivas y laborales que no se comparan con las del comercio formal local.
Viñuales incluso ejemplificó con un caso concreto para graficar la diferencia: una misma prenda fabricada en Argentina puede venderse más barata en Chile, justamente por un esquema de impuestos y cargas patronales menor. Para el empresariado, ese tipo de brechas termina siendo letal para el emprendedor que intenta sostener un local, pagar sueldos y cumplir con todo en regla.
Empleo en riesgo: “achicarse o cerrar” como salida forzada
Detrás de la discusión por los impuestos aparece un temor mayor: el impacto en el empleo privado. Desde la FET sostienen que no hay crecimiento real si no se sostiene o expande la mano de obra, y advierten que cuando cae el trabajo privado, la pobreza sube. Por eso, el foco no está solo en “vender más”, sino en evitar que el entramado comercial se siga debilitando.
En paralelo, hay intentos de respuesta: la entidad impulsa, junto a municipios, estrategias como centros comerciales a cielo abierto y la reconversión de galerías y semipeatonales para mejorar la experiencia de compra y atraer circulación. Pero el mensaje de fondo es claro: sin cambios que alivien costos y vuelvan más competitivo el marco local, emprender en Tucumán seguirá siendo una apuesta de alto riesgo, con demasiadas barreras antes de abrir la persiana.
