Policiales

“Una pelea normal, como cualquier salida”: la frase que desnuda, con ironía cruel, la violencia que ya se volvió rutina en la noche tucumana

En la investigación por el ataque a un joven a la salida de un boliche en Tafí del Valle, tres sospechosos se presentaron ante la Justicia para declarar y dar su versión de lo ocurrido el 29 de enero. En ese contexto, desde la defensa se sostuvo que todo fue “una pelea normal, como ocurre en cualquier salida de boliche”.

La frase, lejos de cerrar el conflicto, lo agrandó. Porque si algo dejó en evidencia es el nivel de naturalización con el que se pretende explicar hechos violentos: como si golpear, perseguir o atacar a la salida de un local bailable fuera parte del “folklore” nocturno y no un episodio que puede terminar en tragedia.

Botellazos en un boliche de la capital: dos jóvenes terminaron hospitalizadas

Mientras en Tafí del Valle se discutía si lo ocurrido fue “normal”, en San Miguel de Tucumán otra madrugada mostró el costo real de esa supuesta normalidad. En un boliche de avenida Francisco de Aguirre al 1.500 se desató una pelea de gran magnitud entre varios hombres: hubo golpes de puño y botellas arrojadas dentro del local.

En medio del descontrol, dos jóvenes resultaron heridas y debieron ser asistidas en el Hospital Centro de Salud. Una presentó una herida cortante en el rostro y el cuello; la otra sufrió politraumatismos. Ambas quedaron en observación, con estado estable, según se informó.

La escena es conocida: música fuerte, empujones, alcohol, una chispa y el caos. Y, como casi siempre, personas que no estaban en el centro del conflicto terminan pagando el precio.

Cuando la violencia se “normaliza”, la prevención llega tarde

La ironía de lo dicho en Tafí del Valle queda a la vista cuando se repasan estos episodios: si lo “normal” implica botellazos, cortes y hospitalizaciones, entonces el problema no es solo judicial, sino cultural y preventivo.

La Policía intervino en el caso de la capital para intentar esclarecer responsabilidades, pero el patrón se repite con demasiada frecuencia: el desborde ocurre primero y la respuesta llega después. En ese punto, el debate vuelve a abrirse sobre controles, seguridad privada dentro de los locales, consumo de alcohol y la facilidad con la que una discusión deriva en una agresión.

Porque lo verdaderamente alarmante no es que alguien intente justificar una pelea: es que esa justificación pueda sonar verosímil en una provincia donde la noche, cada vez más, se cuenta con partes médicos y expedientes judiciales.

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